Cómo cambió mi vida después de mi separación

Fue un momento de cambios muy profundos en mi vida. Me separé de mi esposo después de 11 años.


La seguridad que sentía hasta hace un tiempito ya no existe. Hay una nueva realidad, evidente y abrumadora, a la que no puedo cerrar los ojos.


Las cosas no volverán a ser como antes. Esto es un hecho, y cuanto antes lo acepte, más cerca estaré de dar los primeros pasos firmes hacia mi bienestar.


En esta etapa de incertidumbre y de sentimientos encontrados, en ciertos momentos añoro lo bueno que hubo en nuestra relación y la seguridad que sentía al saber que estaba con él.


Pero también, a veces, respiro con alivio, porque ya era demasiado: demasiadas peleas por tonterías, gritos, insultos y malos ratos. Sabía que no podía seguir así, y mucho menos que mis niños siguieran viendo todo eso.


Las reacciones y las emociones que teníamos ya no eran positivas ni sanas. Ya no era normal.


Ahora le doy la bienvenida a una nueva vida.


Mi manera de lidiar con lo que pasó en mi vida no fue fácil. Fue algo muy difícil. Derramé muchas lágrimas que casi me mataron por dentro. Y hasta hoy sigo luchando con mi interior para tratar de sanar.


A veces creo que estoy sanando, y otras veces me doy cuenta de que todavía falta mucho. Es un proceso muy duro de enfrentar.


Pero el futuro sigue.


Y hoy sé con seguridad que una nueva Vielka está naciendo en mí, y que se irá desarrollando gradualmente.


Lo peor ya pasó.


Fueron tiempos de grandes dudas, dolor y sufrimiento. Lo más difícil fue tomar decisiones cuando no sabía qué hacer, a qué atenerme ni qué camino tomar con nueve hijos.


No sabía cómo iba a salir adelante ni cómo iba a resolver la situación ni el desastre de vida en el que quedé.


Hoy cuento con una nueva realidad: el tiempo sigue corriendo, yo sigo aquí con mis nueve hijos y la vida no se ha acabado.


He aprendido a transitar la vida con más paz y tranquilidad, y sobre todo más fuerte que nunca.


Ya no dejaré que nadie me dañe ni me lastime. Me protegeré sobre todas las cosas, y sobre todo protegeré a mis niños.


Nunca me daré por vencida.


Y no voy a mentir: a veces paso momentos muy tristes y duros. Pero soy una persona de fe, y sé que mi Padre Celestial nunca me abandona y que siempre está junto a mí y junto a mis niños.


Ahora estoy en una fase totalmente diferente. Sigo reacomodándome en mi nueva vida.


Todo quedó en el pasado. Veo las cosas de otra manera. Me he reconectado con la persona que era antes de casarme.


Tengo nuevos hábitos, nuevos intereses y nuevas personas a mi alrededor.


Una claridad inesperada se presentó ante mis ojos…


Una nueva etapa de plenitud que me esperaba desde hace tiempo.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Problemas del sueño 😴

Dios mío, cómo me extraño cuando vuelvo a recordar quién era