Mi historia y sentimientos guardados (Parte 2)
Ayer nos quedamos en la parte donde conté el nombre que me pusieron y por qué me lo pusieron. Hoy continuaremos con la segunda parte de mi historia.
Cuando nací, al parecer mi mamá me dejó al cuidado de mis abuelos. Son cosas que nunca voy a entender. Yo tengo nueve hijos y nunca he dejado a ninguno con nadie.
Mi abuela me cuenta que cuando nací estaba muy enferma. Tenía un hongo en la piel que me causaba mucho dolor, y por eso lloraba día y noche.
También me contó que fui la primera nieta mujer de mis abuelos. Dice que mi abuela andaba de arriba para abajo tratando de conseguir ayuda para curarme, pero era muy difícil porque tenían muy pocos recursos económicos.
Las cremas que necesitaba eran muy caras y muchas veces no podían comprarlas. Incluso mi abuela me contó que un doctor llegó a decirle que lo mejor era dejarme morir para que se acabara mi sufrimiento.
Hoy le doy gracias a Dios porque mi abuela nunca tomó esa decisión. Gracias a ella hoy sigo viva y soy una mujer fuerte.
Por suerte, de esa enfermedad no me quedó ninguna marca.
También me contaron que mi tía Maritza era quien me cuidaba cuando lloraba o cuando me dolía la piel. No me pregunten dónde estaba mi mamá en esos momentos, porque la verdad no lo sé.
Ahora quiero contarles lo que sí recuerdo de mi niñez.
Tuve una niñez muy bonita viviendo con mis abuelos. Me encantaba caminar por todo el barrio, treparme en los árboles y jugar en el campo.
Había un árbol de guayaba que era mi favorito. También me gustaba ir a la iglesia y acompañar a mi abuelito al conuco.
Jugaba con tierra, jugaba a cocinar con mi prima Yineli y con mi tía Cheila.
Me encantaba jugar con las mazorcas de maíz y fingir que eran mis muñecas.
Éramos pobres. Muchas veces andaba descalza y con ropa rota, pero aun así fui una niña muy feliz y muy traviesa.
Recuerdo una vez que vimos en la televisión un anuncio con un número para llamar a Santa Claus. Mi prima Cheila, Albanely y yo llamamos pidiéndole muchas cosas.
Lo único que llegó fue un recibo de teléfono carísimo. A mi abuelo casi le da un ataque cuando lo vio.
Pero él no me pegó. Mi abuelo me consentía mucho.
Para mí, mi abuelo era un superhéroe. Yo lo amaba tanto. Nunca me pegó, siempre me llenó de amor. Fue lo mejor que me pasó en la vida.
Mis abuelos tuvieron 12 hijos y eran una pareja hermosa. Nunca los vi pelear ni enojarse. Siempre vivieron llenos de amor.
Por eso, cuando pienso en mi infancia, llego a la conclusión de que mi niñez fue hermosa al lado de ellos.
Para mí, ellos siempre fueron mis verdaderos padres.
Mañana continuaré con la tercera parte de mi historia.

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