No soy perfecta
Hace mucho que no escribía porque no tenía ánimo y también estaba muy ocupada. Pero ahora mismo estoy acostada, sin hacer nada, pensando mucho en qué es lo que de verdad quiero en la vida.
Tengo tantas confusiones en mi cabeza. A veces no sé qué quiero, qué no quiero, qué es lo correcto y qué es lo mejor para mí.
Siempre le pido a nuestro Padre Celestial que me dé las fuerzas para seguir adelante. A veces dejo de ir a la capilla porque siento que no soy lo suficientemente correcta para estar allí. Pero también sé que la iglesia no es para personas perfectas, sino para personas imperfectas como yo.
Yo sé que Jesús y mi Padre Celestial me aman tal como soy. También entiendo que los cambios no ocurren de un día para otro. Todos tenemos fallas, y muchas veces no es por nosotros mismos, sino por las cosas que nos pasan en la vida.
Como toda mujer, yo soñaba con una familia eterna. Soñaba con casarme en el templo, con vivir feliz para siempre con mi esposo y mi familia. Pero no se pudo.
Él decidió tomar otro camino, y yo me quedé con esos sueños. Aunque todavía estoy casada con él, todo está irremediablemente roto. Después de eso quedé muy lastimada. He tratado de rehacer mi vida, pero no es fácil, incluso teniendo una pareja ahora.
He pedido mucho a Dios que tenga piedad de mí, porque a veces mi sufrimiento es tan grande que siento que no lo puedo soportar. A veces pienso que Dios no me escucha o que se olvidó de mí, y lloro mucho de tristeza, frustración y dolor.
Pero también hay momentos en los que despierto y veo lo hermoso que es un nuevo día. Veo la lluvia, la luna, el sol, siento el aire y recuerdo que sigo respirando.
Veo a mis niños sonreír y decirme: “Mamá, te amo”.
Mi hija Jazmín siempre me dice: “Mami, tú eres lo mejor de mi mundo”.
En esos momentos me doy cuenta de que muchas veces no soy lo suficientemente agradecida con Dios. Entonces le pido perdón, porque la verdad es que Él nunca me ha dejado sola.
Nunca me ha abandonado, ni a mí ni a mis hijos.
Dios me ha dado lo más valioso del mundo: mis niños. Me permite despertar cada día con vida. Me levanta cada vez que caigo. Pone a las personas correctas en mi camino y aleja a quienes no me hacen bien.
Me da un hogar, comida, trabajo, salud para mis hijos y todo lo que necesitamos para vivir.
Ahora escribo y lloro porque me doy cuenta de que muchas veces las personas nos enfocamos más en lo malo de la vida que en todas las bendiciones que Dios pone frente a nosotros.
Te amo, Padre, y gracias por todo lo que me das.
También sé que yo debo darte más de mí.
Perdón.
Gracias por leer mi blog.
Comentarios
Publicar un comentario